Tecnología, ¿un juego de niños?, Puño, 2013, Ilustración Digital

Tecnología, ¿un juego de niños?

diciembre 14, 2013  |  Educación, Tecnología

El sector, cuando se plantea diseñar productos para niños, no lo hace bien. Es un error plantear que los niños tienen que manejar dispositivos diferentes a los de los adultos

¿Quién no ha visto cómo su hijo/sobrino de corta edad le arrebata el iPad y se pone a jugar con la pantalla táctil como si hubiera sido inventada por él mismo? Y abre y cierra las aplicaciones, copia fotos, las recorta, las envía por e-mail, al tiempo que descarga una película o compra un juego de carreras de coches o dinosaurios parlantes… ante el asombro general.

Asistimos a una revolución tecnológica. El informe ‘The Global Information Technology Report 2012’ del World Economic Forum constata la rápida incorporación de las tecnologías en más de 140 países, así como su impacto en el desarrollo económico y en la competitividad. Suecia ocupa la 1ª posición mundial en este informe, seguida de Singapur, Suiza, Holanda, EE.UU., Canadá y Reino Unido. Y este acceso al mundo tecnológico tiene su reflejo en los hogares, en las familias. Si hace tan sólo 5 años una familia media podía tener un ordenador de sobremesa y 2 móviles sin acceso a internet, hoy día es habitual que convivan el ordenador fijo con otro portátil, una tableta y varios smartphones, todos ellos interconectados. Los niños son clientes atractivos para este sector. Y si hasta hace poco tiempo era normal comprarles unos puzzles de cartón, cuadernos y lápices de colores, ahora reclaman rompecabezas en 3D para su tableta táctil o cuentos interactivos para aprender idiomas.

Este cambio cultural abre infinitas posibilidades a las empresas tecnológicas y a los educadores, que han hecho suyas estas nuevas herramientas para hablar a los niños en su propio idioma. Como ejemplo, nos encontramos con plataformas como Eduapps, una página web en las que los profesores comparten con sus colegas más de 14.000 apps educativas para utilizar en clase. En Apple nos confirman esta tendencia y destacan la utilización de apps en la educación. En Ciencias se utilizan desde apps para explorar la Astronomía, Biología, Química y Física como Solar Walk – Modelo 3D del Sistema Solar o Planets para localizar planetas, estrellas y constelaciones. En Geografía encontramos el World Atlas HD para estudiar los mapas del mundo. En Matemáticas los alumnos pueden practicar los rudimentos del álgebra con Algebra Touch. Y en Lengua hay diccionarios y juegos para los más pequeños como Mr Mouse para aprender vocabulario en distintos idiomas.

Si salimos de las aulas, vemos que los pequeños nativos digitales también quieren comunicarse y jugar. En esta línea, encontramos compañías como Maily que ha diseñado una aplicación gratuita que permite que niños de 3 ó 4 años tengan acceso a su cuenta de correo infantil. Y empresas como Imaginarium, que acaba de lanzar Super Paquito, una tableta para niños revestida de colores, con una batería de juegos para leer cuentos, aprender idiomas, pintar, ver dibujos animados, hacer fotos… sin acceso a redes sociales.

Ciberniñeras

Enrique Dans, profesor de Sistemas y Tecnologías de la Información de IE Business School y blogger reconocido a nivel internacional por su blog www.enriquedans.com, es escéptico ante estas iniciativas. “El sector, cuando se plantea diseñar productos para niños, no lo hace bien. Es un error plantearte que los niños tienen que manejar dispositivos diferentes a los de los adultos”. Lo mismo sucede, en su opinión, con los filtros parentales, que impiden que los niños accedan a sitios web con contenidos para adultos. “Se relaja el control del uso de la tecnología a un programa de software, que no debe ser una ‘ciberniñera’. Tú debes controlar a tus hijos. Y además, si tus hijos utilizan tecnología con filtros, cuando se encuentren ante un ordenador sin filtro, determinados contenidos les van a llamar muchísimo más la atención”.

El consumo inducido gracias a los niños, recuerda Dans, siempre ha sido muy importante. “La sensación de responsabilidad que los padres tienen con respecto a la formación de sus hijos, su preparación para el futuro, pesa mucho”. Y los padres mantienen una lucha interna entre los que algunos les dicen que es recomendable -los juegos en la calle, la educación tradicional -, y el entorno actual, con una tecnología que cambia casi cada día. Su papel es clave para que los niños no se sientan marginados. “El caso de Tuenti es claro: la edad para entrar es de 14 años y los niños menores de esa edad se sienten parias si no participan. ¿Qué hacen muchos padres? Ayudan a los niños a abrir su cuenta aunque no tengan la edad”.

Tecnología horizontal

¿Han cambiado las cosas en las aulas, ante esta revolución tecnológica?, preguntamos a Dans. Su respuesta es contundente: “Tristemente las aulas no han cambiado. Vemos colegios que compran determinados gadgets o instalan pizarras electrónicas pero lo que debe cambiar es la metodología. La tecnología no debe incorporarse para hacer lo mismo que se hacía antes: el libro tendrá más diseño, pero la tecnología te permite ofrecer un modelo de enseñanza que no se basa en la memorística sino en la experiencia, en la resolución de problemas, con niños activos”. ¿El gran reto? “La cualificación del profesorado, que se siente agredido porque le cambian la metodología con la que se encontraba cómodo”. ¿Y el gran enemigo? “El libro de texto. Hoy en día no podemos concebir un aprendizaje con una información que esté confinada a un libro, ni en papel ni electrónico. El error es enseñarle al niño que la información está en ese libro. La información está ahí fuera, y tiene que aprender a identificar la información, confundirse, deducir qué información es válida, contrastar… y pueden hacerlo desde muy pequeños”.

Por eso, añade Dans, el modelo debe evolucionar. “En la mayoría de los colegios, la tecnología se incorpora a la asignatura de informática. Y tienen a los niños aprendiendo a utilizar el procesador de textos, lo que es absurdo. Lo que tiene que pasar es que la utilización de la tecnología se horizontalice, y llegue el profesor de Historia y enseñe a los alumnos a utilizar la tecnología para buscar información en internet, vídeos sobre el tema…”.

Adoptadores feroces

La conversación avanza y le preguntamos por los nativos digitales. “Son una generación enormemente dinámica, a la que no le da pereza el cambio, no se aferran a un dispositivo, siempre están dispuestos a adoptar uno nuevo, son adoptadores feroces”. ¿Qué impacto tendrán en el crecimiento del sector tecnológico en unos años? Ahí, Dans es categórico: “No deberíamos pensar tanto en el cambio que van a provocar en el sector tecnológico sino sobre el resto de sectores. ¿Qué va a pasar cuando estos niños lleguen a la política, a la dirección de marketing de una empresa, cómo lo van a manejar? Pues es claro que no van a concebir una campaña como la concebían sus predecesores. Esa es la principal frontera”.

Y si hablamos de fronteras, la tecnología se enfrenta a muchas, físicas y culturales. “Yo creo en el ‘leap frogging’, el salto de rana. Cuando tú tienes una zona deprimida, y de repente se introduce una nueva tecnología que baja barreras de entrada, como el smartphone, el wifi… como esas zonas no tienen el legado anterior de tecnología vieja, saltan y se incorporan a mayor velocidad”, apunta Dans. “Pero aún así, la brecha digital, las barreras siguen existiendo, derivadas de factores económicos, sociales, culturales. Un teléfono móvil está al alcance de casi cualquier africano pero sigue siendo un objeto que utilizan los adultos. No es algo que le den a un niño, y menos a una niña, según en qué países”.