Sonrisas en el hospital, Kike Ibáñez, 2013, Acrílico y lápiz sobre papel

Sonrisas en el hospital

octubre 7, 2013  |  Acción Social, Salud

Cuando abrimos la puerta de la habitación y miramos al niño, a los padres… Ahí empieza la magia. Intentamos que los niños tengan una mirada más amable hacia los médicos y enfermeras

Nariz colorada, bata blanca pespunteada de margaritas y un gran estetoscopio azul chillón. No hablamos de superhéroes de cartón ni de personajes de cuentos infantiles. Este es el retrato de los Doctores Sonrisa de la Fundación Theodora que, cada semana, visitan a más de 230.000 niños en 106 hospitales de Suiza, Italia, Francia, Gran Bretaña, España, China y Turquía. ¿Su misión? Hacer sonreír a los niños durante su estancia en el hospital. “Curar su tristeza, su apatía por estar en un lugar extraño, fuera de su mundo”, explica Doctor Zito, uno de los 30 Doctores Sonrisa que trabajan para la Fundación Theodora España.

Doctor Zito es ya un veterano. Se enfundó su primer traje de Doctor Sonrisa hace 11 años. Mago e hijo de mago, utiliza la magia para hacer sonreír a los niños. “Cuando abrimos la puerta de la habitación y miramos al niño, a los padres… Ahí empieza la magia. No suplimos a los médicos pero apoyamos mucho la relación con el hospital”. Porque las batas blancas son ingratas, “ellos saben que son sinónimo de jeringuillas, de pruebas. Pero ven que yo también la llevo. Así intentamos que los niños tengan una mirada más amable hacia los médicos y enfermeras”.

Fundación Theodora nació en Suiza en 1993, de la mano de los hermanos André y Jan Poulie. Desde entonces, aquella pequeña fundación se ha convertido en una multinacional: su primera escala fue Bielorrusia, donde comenzaron a visitar los hospitales de Minsk tras la catástrofe de Chernobyl. De ahí saltaron a Gran Bretaña y poco tiempo después comenzaron a trabajar en Italia, Turquía y Francia, entre otros países. A España llegaron en el año 2000 para trabajar en hospitales públicos y concertados. Aquí cuenta con un 100% de financiación privada con fórmulas que van desde el patrocinio estable, patrocinio de proyectos concretos, campañas con empresas, venta de productos de la Fundación, organización de talleres, eventos, fiestas…

Una sonrisa, un regalo

¿Por qué debe apoyar la empresa privada a Fundación Theodora. Doctor Zito lo tiene claro: “Porque no hay nada más mágico que ver la sonrisa de un niño hospitalizado. Es un regalo, no hay nada más hermoso”, responde, antes de recordar historias como la de un niño “que llevaba 15 días en el hospital y sonrió por primera vez con mi visita” o la de una niña de 5 años con parálisis cerebral a quien visitó durante 3 años. “Yo siempre le pedía un beso y ese beso no llegaba. Yo no tenía ninguna prisa, era sólo un juego, nuestro juego. Pero un buen día ese beso llegó. Eso sí que es un premio”, recuerda aún sorprendido, emocionado.

Y es que estos Doctores viven de emoción en emoción en un entorno duro como el de los pasillos del hospital. Por ello, para convertirse en Doctores Sonrisa deben superar un duro proceso de selección en el que se valoran sus tablas artísticas, su experiencia trabajando con niños y su fortaleza emocional. Además, cada año asisten a seminarios de formación continua para mejorar las técnicas de improvisación, de clown, de magia, de cuentacuentos, talleres de crecimiento personal, reciben clases sobre lenguaje de signos, otras culturas, enfermedades como la anorexia, etc., para proporcionarles nuevos recursos en sus próximas visitas.

Impacto social

Javier Tejero, Director de Fundación Theodora España, nos explica que el principal reto es adaptarse a las nuevas demandas de colaboración de las empresas, a la realización de una labor profesional y una gestión transparente y eficiente. “La RSC se mueve del concepto de donativo y apoyo a proyectos hacia la integración de nuestros proyectos y contribuciones sociales en la cadena de valor de la empresa”, señala. En cuanto a la realidad hospitalaria, Tejero apunta a que la “gran presión en costes, un descenso continuado del periodo de hospitalización y la tendencia a la especialización por centros nos exige analizar nuestra aportación y asegurarnos que se adapta a dicha evolución”.

Las empresas son una pieza clave en la financiación de iniciativas como la de Fundación Theodora. Como ejemplo, Colgate apoyó recientemente a Fundación Theodora con la campaña ‘Juntos repartimos sonrisas’, que pretendía reunir 100.000 sonrisas a través de su página web para transformarlas en 2.000 visitas de Doctores Sonrisa a niños hospitalizados. Este proyecto internacional ha sido desarrollado con éxito en países como Gran Bretaña y Alemania.

ONGs, empresas, hospitales… y al final de la cadena, los niños, que consiguen alinear intereses y objetivos de players muy distintos. ¿Qué impacto tienen estas acciones en la imagen de las empresas? ¿Qué más pueden hacer las ONGs para incrementar sus vías de financiación? ¿Qué más podemos hacer para apoyar iniciativas como las de Theodora que persiguen construir un mundo mejor para los niños?

Impacto en las empresas

Joaquín Garralda, experto en RSC de IE Business School, nos explica que las empresas colaboradoras vinculan este tipo de proyectos a la satisfacción interna de los empleados. “No pueden poner un cartel en la bata del Doctor para darlo a conocer en el hospital, porque no entra dentro del código ético de la Fundación, pero sí pueden dar a conocer el proyecto internamente y explicar a los empleados cómo lo apoyan, pedirles su colaboración, y el impacto es muy positivo”.

Garralda subraya que Fundación Theodora cuenta con una labor profesional detrás “que podría ser la envidia de muchas empresas y que garantiza su sostenibilidad”. ¿Alguna limitación para crecer? “Los Doctores Sonrisa, que están cuidadosamente seleccionados y formados. Y eso es complejo, requiere tiempo y recursos. Esa es la principal limitación”, nos explica Garralda, para quien Theodora destaca por su sofisticado diseño de procesos. “Han desarrollado una maquinaria muy compleja porque trabajan en el entorno hospitalario y con niños: desde el momento inicial de higiene y controles en las plantas, las visitas que realizan, el momento de entrada y salida de la habitación, los niños que visitan, incluso el pasillo en el que estarán ese día. Todo está perfectamente medido”.