Niños de papel, Gervasio Troche, 2013, Acuarela

Todos los niños son artistas

octubre 7, 2013  |  Arte, Artistas, Educación

El 98% de los niños entre 3 y 5 años son creativos, según un estudio desarrollado por Sir Ken Robinson, experto mundial en creatividad y educación. Pero a medida que crecen, su creatividad va desapareciendo

Picasso dijo una vez que todos los niños nacen artistas. El problema es mantener intacta esa creatividad y conseguir que sigan siendo artistas mientras crecen.

Si tienen niños cerca, niños de 4 ó 5 años, por ejemplo, acérquenles unas pinturas, una hoja en blanco, y pídanles que dibujen. Que dibujen lo que quieran. Y esperen a ver el resultado. Si son niños, regresarán con una cuartilla llena de superhéroes coloreados. Los habrán pintado con empeño y muchos colores, con cabezas y manos desproporcionadamente grandes, con cascos, capas y botas, al detalle. Si son niñas, habrán hecho lo propio con princesas y muñecas, acompañadas de lazos, flores y estrellas.

A esa edad, todos son artistas. En concreto, el 98% de los niños entre 3 y 5 años son capaces de pensar de manera divergente, son creativos, según un estudio desarrollado por Sir Ken Robinson, experto mundial en creatividad y educación. Pero a medida que van creciendo, su capacidad para ser creativos va desapareciendo: tan sólo el 32% de los niños de 8 años piensan de manera divergente, una tasa que cae al 10% en chicos de 13 a 15 años y –échense las manos a la cabeza- al 2% de los más de 200.000 adultos de 25 años que participaron en el estudio.

¿Cuál es el motivo? Sir Ken Robinson lo tiene claro: el sistema educativo está diseñado para matar la creatividad. Nos educan para perder la creatividad -explicaba en una de sus participaciones en una TED Talk-. Y cuando viajas por el mundo te das cuenta de que “todo sistema educativo, sea el país que sea, tiene la misma jerarquía de materias educativas: en la cima están matemáticas e idiomas, luego humanidades y al final, el arte. En todo el mundo”.

En algunos, en su opinión, también hay una jerarquía para las disciplinas artísticas: arte y música normalmente tienen un estatus más alto que drama y danza. “Y no hay un sistema educativo en el mundo que enseñe danza a diario a los niños, como sucede con matemáticas. ¿Por qué?”. La consecuencia, explicaba el experto, es que muchas personas con talento, brillantes, muy creativas, creen que no lo son porque la escuela no valoraba aquello en lo que eran realmente buenos.

Para Robinson, “la creatividad viene de la interacción de diferentes disciplinas y maneras de ver el mundo. Es tan importante en la educación como la alfabetización y deberíamos darle el mismo estatus”. Robinson iba más allá: “los niños se arriesgan, no tienen miedo a estar equivocados. Y si no estás dispuesto a equivocarte nunca llegarás a nada original”. Pero cuando llegan a adultos la mayoría de los niños han perdido esa capacidad. Han adquirido miedo a equivocarse. “Y así gestionamos las empresas, estigmatizamos los errores y diseñamos sistemas educativos donde equivocarte es lo peor que puedes hacer. El resultado es que estamos eliminando la creatividad”.

Robinson es categórico: nuestra única esperanza para el futuro es cambiar el sistema educativo y “repensar los principios fundamentales bajo los que educamos a nuestros hijos”, rediseñando el sistema educativo para incorporar la creatividad en el ADN del sistema. “Tenemos que ver nuestras capacidades creativas como nuestra riqueza y tenemos ver a nuestros hijos como nuestra esperanza. Y nuestra tarea es educarlos para que puedan enfrentarse al futuro. Quizá nosotros no veamos ese futuro pero ellos lo verán. Y nuestro trabajo es ayudarles a que saquen provecho de él”
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Cambio de escenario

Pensemos en ello y hagámoslo: vayamos al futuro. Cambiemos de escenario e imaginemos a esos mismos niños como jóvenes emprendedores de 25 ó 30 años. A muchos los encontraremos en Área 31, el espacio de emprendimiento e innovación de IE Business School. Con ellos está Paris de l’Etraz, el Director del Venture Lab, la aceleradora de empresas de la escuela de negocios. Allí trabajan de manera incansable, diseñan prototipos, perfilan business plans y los presentan ante inversores. Son jóvenes que creen y se apasionan cada día con sus ideas de negocio. Son creativos. Arriesgan.

De l’Etraz disfruta con ellos. Y recuerda cómo, tras 20 años trabajando como banquero de inversión, una mañana lluviosa en su despacho de Londres decidió que aquel trabajo no le hacía feliz. Necesitaba salir de su zona de confort, emprender, dar un nuevo rumbo a su vida. Y lo hizo, emprendió y decidió formar emprendedores. Entonces se dio cuenta de la dificultad que supone enseñar a emprender a jóvenes que desde niños habían sido formados para gestionar entornos ciertos, bien delineados, para tener un futuro determinado por su entorno, a los que el sistema había cercenado en muchos casos su capacidad de imaginar.

“Cuando somos pequeños no tenemos miedo a la ambigüedad, a la incertidumbre. Pero la escuela, nuestros padres, nos entrenan para un mundo predecible, no queremos incertidumbre. Te piden resultados, calificaciones, te educan con un objetivo: que seas médico, arquitecto, que te cases. Y a lo largo de nuestra vida nos damos cuenta de que las cosas no funcionan así. El mundo es incierto, impredecible”, señala. De l’Etraz recuerda que los niños nacen con la mente abierta pero el sistema “los va convirtiendo en quants, en personas con la mente cerrada. Cuando eres niño no tienes zona de confort. Pero según vas creciendo, esa zona va siendo más y más pequeña y condiciona tu desarrollo”.

¿Qué podemos hacer ahora con los niños para conseguir que sigan teniendo la mente abierta a medida que se hagan mayores, que desarrollen su creatividad, su imaginación, que se sientan cómodos con la incertidumbre, que arriesguen, que luchen por aquello que de verdad les gusta, que emprendan? Muchas preguntas en una, lo sabemos, pero las ganas de saberlo todo nos impiden centrar mejor las ideas. “Debemos enseñarles que el mundo no es blanco o negro, que es gris. Y debemos desarrollar un sistema educativo que no valore únicamente el álgebra o las matemáticas. Los niños experimentan, deben recibir una formación práctica, experiencial, y tienen que desarrollar la inteligencia emocional para entender a los demás y poder llegar a ellos. Es bueno que aprendan a hablar en público, que se sientan cómodos haciéndolo, que aprendan otros idiomas, que conozcan otras culturas, que vivan en distintos países…”, señala, convencido de que, si lo hacemos, conseguiremos sacar lo mejor de cada niño, potenciaremos su imaginación y su talento emprendedor.