Caminos, Sylvia Vivanco, 2013, Ilustración digital realizada con Photoshop con tableta Cintiq

Goool!!!!!

enero 28, 2014  |  Deporte, Educación

¿Qué papel juega el deporte en la educación de nuestros hijos?, ¿cómo debemos actuar como padres?, ¿qué hago si tiene talento? ¿y si no lo tiene…?


Cinco de la tarde. El patio del colegio es un hervidero de niños que salen de clase, meriendan o entrenan en el campo de fútbol. Fijémonos en estos últimos, los futbolistas. Unos corren detrás de la pelota. Otros esperan en tensión bajo los palos. Uno, más gordito, está cansado y pide cambio. Otro se desespera por entrar a jugar… Mientras tanto, el entrenador les anima. Los padres esperan. Unos tranquilos, sin prestar demasiada atención. Otros nerviosos. Y algunos más inquietos: ven el potencial de sus hijos, saben que tienen madera y se lo hacen ver al grito de “vamos, rápido, centra ya, ¡¡¡gooool!!!”.

Esa escena es la de cualquier patio de cualquier colegio. Todos la hemos presenciado. Y ahora, como padres, la revisamos y muchos nos preguntamos, ¿qué papel juega el deporte en la educación de nuestros hijos?, ¿cómo debemos actuar como padres?, ¿qué deporte es más adecuado para cada niño? Si mi hijo es buen deportista, ¿cómo debo gestionarlo? Y si no es bueno, ¿qué debo hacer?

Para Eduardo Fernández-Cantelli, padre, deportista y experto en marketing deportivo de IE Business School, es muy importante que los niños participen en deportes individuales y colectivos durante su infancia. “Hay valores que son comunes como el afán de superación, el sacrificio, la disciplina. Y en cuanto al deporte de equipo, los niños aprenden a confiar en otras personas para conseguir un fin”. Fernández-Cantelli señala que es difícil explicar a un niño que el objetivo final, meter un gol, está condicionado por el trabajo del equipo. “Porque si yo soy el mejor, voy a despreciar a los que creo que no son tan buenos. Y es muy importante el respeto, no sólo hacia el competidor sino también hacia tus propios compañeros”.

El triángulo del deporte
Fernández-Cantelli dibuja un triángulo para entender el interés que despierta el deporte en la infancia. En un vértice, los niños, en otro los padres y finalmente los clubes. “En edades tempranas -explica-, los niños quieren divertirse, los clubes no tienen presión por ganar, cobran por organizar la actividad, y los padres desconocen el potencial que pueden tener sus hijo, sólo quieren que se diviertan y tengan contacto con otros niños”. Con la edad, los objetivos van cambiando: los padres descubren el potencial de sus hijos, si son buenos previsiblemente seguirán adelante y si no lo son, buscarán una “salida honrosa” que evite la frustración. “Los niños se van a dar cuenta de si son buenos o no lo son, y en ese caso se auto excluirán. Los clubes tendrán mayor presión por resultados porque de ahí depende su prestigio, subvenciones y la atracción de más talento”.

A medida que los niños van creciendo se produce un árbol de decisión: mi hijo sigue o no sigue adelante en ese deporte. “Los niños van desarrollando el espíritu competitivo y aceptan mejor al que quiere competir y ganar que al que juega para divertirse”, señala Fernández-Cantelli. Si tiene talento, el niño, en algunos casos, empieza a renunciar a otras cosas: puede sacrificar el estudio u otras actividades sociales que le enriquecerían en otros campos, como idiomas, música, teatro. “Si lo sacrifica todo y al final no llega, el niño puede frustrarse”. Puede ocurrir, apunta el experto, que el niño tenga mucho talento pero no le interese ser un deportista de calidad. “Esto pasa cuando juegan en el colegio, el niño tiene condiciones para jugar en otro nivel y lo sacan del entorno del colegio y lo llevan a un club, algo que el niño ve como una faena, en lugar de un premio. El precio que tiene que pagar es muy alto, tiene que alejarse de sus amigos”. Y si el niño tiene cualidades, llegará un momento en el que los padres tendrán que decidir qué es más importante.

Atletas de élite
“Cuando analizas la evolución de niños que podrían haber sido atletas de élite por potencial, por logros deportivos, que han sido campeones de Europa o del mundo en infantil o cadete, y después no han despuntado, muchos de esos fracasos están condicionados por el entorno familiar”. ¿Qué hace el padre mal?, le preguntamos. “En algunos casos ponen mucha presión, vuelcan sus esperanzas y condicionan al niño”. Y en el fútbol, subraya Fernández-Cantelli, “esa presión se multiplica porque la posibilidad de llegar a ser deportista de élite te resuelve la vida, algo que no sucede en otros deportes como atletismo, natación o piragüismo. En esos otros deportes, el entorno no presiona tanto”.

¿Qué sucede con los que no quieren y no llegan, con el gordito, con el menos hábil? “La gestión de la frustración ocurre de forma muy distinta si estás en un deporte individual o en equipo. Lo que ocurre es que de manera natural los malos se autoexcluyen y como padre tienes que buscar formas de que dejen ese deporte sin que piensen que son peores que los demás”. Con la edad, continúa el experto, se notan mucho más las diferencias y se va rompiendo el espíritu de equipo. “Si pensamos en niños de 12-13 años, en ligas de fútbol, en las que el resultado empieza a tener importancia, y los niños ya no juegan para divertirse sino para ganar. Y en ese momento, el gordito, ya no es tan bien recibido”.

¿Es sano dedicar la infancia al deporte? Fernández-Cantelli responde con otra pregunta. “¿Cuántos niños no han llegado a ser Rafa Nadal pero han dedicado el mismo esfuerzo que dedicó él durante su infancia? Al final llegan muy pocos. Y si los padres tuvieran el 100% de garantías de que su hijo va a llegar a ese nivel, apostarían. Pero yo no renunciaría a la formación académica porque hacer lo contrario sería correr un riesgo muy alto”. Fernández-Cantelli destaca La Masía, el centro deportivo y símbolo de la cantera azulgrana, es un ejemplo. “Al que no llega deportivamente, lo desarrollan en otros campos. No dejan gente por el camino”.